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Menos "face" y más "books"


¿Tenemos demasiado “face” (redes sociales) y poco “book” (un libro a la mano)?
Quizá lo digo por mí misma, pero uso las redes sociales cuando tengo algo «bueno» qué decir, y no cuando he tenido el peor de los días. Y si llego a compartir mis desgracias es para recibir muchos «consuelos virtuales» que no saben igual que el consuelo real de una amiga en casa dándome un abrazo.
Los libros, sin embargo, nos pintan la realidad como es, en especial la ficción. Nos hablan del dolor y sufrimiento humano, nos pintan el cuadro de 
solador o nostálgico de otra época, nos delinean lo profundo del alma.
Quizá tuve un mal día (berrinche del niño, enfermedad de la niña, cansancio propio). Leer sobre lo maravillosa que es la vida de mis ocho mil amigas de facebook (la que se fue a un crucero, la que regresó de Disney, la que tuvo tiempo de cocinar un festín, la que vio la película de moda, la que se compró un nuevo atuendo) no mejorará mi humor, pero leer un libro que hable de un personaje que vivió lo que yo, y que sufrió quizá más que yo, y que encontró la respuesta a sus preguntas, traerá descanso a mi corazón.
Los libros han sido escritos para durar. No están allí para que muchos los lean de inmediato, sino que los autores se tomaron el tiempo, mucho tiempo, para pulirlos, mejorarlos y publicarlos. En facebook y en los blogs, sin embargo, leemos pequeñas frases de las noticias que están haciendo ruido, de lo que pasa en un cierto hogar en determinado momento.
Si nos gusta mucho el blog de un autor en particular, quizá debamos comprar sus libros. En pocas palabras, los blogs son temporales. Quizá mañana ya no estén. Tal vez su autor se canse de bloguear. Pero los libros han pasado por un proceso editorial que nos ofrece buena ortografía y redacción, y algo que vale la pena leer.
No sé si soy la única pero tengo un serio problema. Si estoy en facebook salto y salto de estados/actualizaciones, voy de blog en blog, de página en página, es tan terrible como cuando alguien tiene el control de la televisión y va de canal en canal, pero no ve nada concreto. En cambio un libro exige orden: palabra por palabra, párrafo por párrafo, y si es un buen libro, nos atrapará.
Quizá esa es la tragedia de las redes sociales, que la información resulta tan variada y desconectada que nos hace divagar. Nada relaja más que el poder enfocar nuestra atención en una sola actividad.
¿Menos «face» y más «book»?

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