¿Tenemos demasiado “face” (redes sociales) y poco “book” (un libro a la mano)? Quizá lo digo por mí misma, pero uso las redes sociales cuando tengo algo « bueno » qué decir, y no cuando he tenido el peor de los días. Y si llego a compartir mis desgracias es para recibir muchos « consuelos virtuales » que no saben igual que el consuelo real de una amiga en casa dándome un abrazo. Los libros, sin embargo, nos pintan la realidad como es, en especial la ficción. Nos hablan del dolor y sufrimiento humano, nos pintan el cuadro de solador o nostálgico de otra época, nos delinean lo profundo del alma. Quizá tuve un mal día (berrinche del niño, enfermedad de la niña, cansancio propio). Leer sobre lo maravillosa que es la vida de mis ocho mil amigas de facebook (la que se fue a un crucero, la que regresó de Disney, la que tuvo tiempo de cocinar un festín, la que vio la película de moda, la que se compró un nuevo atuendo) no mejorará mi humor, pero leer un l...
El blog de Keila Ochoa Harris