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Ser padres es ser vulnerables


La vulnerabilidad no es algo que busquemos. De hecho, la consideramos una característica negativa. ¿Qué es ser vulnerable? La definición literal nos dice que es «la cualidad que tiene alguien para poder ser herido».
A María, la madre de Jesús, se le profetizó: «Este niño ... fue enviado como señal de Dios, pero muchos se le opondrán. Como resultado… una espada atravesará tu propia alma».
Una espada atraviesa el alma de cualquier padre cuando ve a su hijo en una cama de hospital, cuando el hijo se marcha cargado de rebeldía, cuando el hijo toma una mala decisión, cuando el hijo decide algo que va en contra de nuestros principios, cuando el hijo es acusado e incluso asesinado injustamente.
Pero el antídoto está en el amor. El hecho de amar abre a la posibilidad del rechazo, del no ser correspondido y de correr el riesgo de ser herido. Pero el amor también es el parche que sana las heridas, pues nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.
Los que recién comenzamos la carrera de la paternidad nos sentimos en desventaja. Pero encontramos fuerza en la esperanza. Escuchar el consejo de los padres que ya transitaron el camino por el que hoy andamos nos hará entender que «esto también pasará» y «que hay una luz al final del túnel».
En el ámbito de la tecnología también se nos habla de vulnerabilidad. Al hablar de un archivo, se apunta a la poca seguridad que permite que piratas o intrusos pongan en peligro su confidencialidad o integridad.
Todo hogar está en peligro de ser infiltrado por el alcohol, las drogas o la pornografía. Algunos hogares son más vulnerables cuando los muros del amor, la comunicación o la comprensión se han debilitado.
Pero si bien para las computadoras tenemos programas especiales llamados anti-virus que buscan proteger, reforzar y cuidar un programa de los enemigos, en la vida tenemos la fe. Quizá no le veamos mucha utilidad, pero si somos padres y hemos experimentado esa espada que traspasa el alma, sabemos que lo único que nos sostiene en la angustia es creer que hay sentido en el dolor.
Ser padres es ser vulnerables. Muchas preguntas quedarán sin respuesta durante largas temporadas, o quizá jamás conoceremos los porqués en esta vida. Sin embargo, algo es seguro: el amor nos sostiene en los embates de esta vida, la esperanza nos trae consuelo y la fe nos dice que hay un propósito detrás de todo sufrimiento.

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